Corto: Señales

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Generación Y… ¿Un problema de COMPROMISO?

Mucho se ha dicho, se dice y se dirá sobre la Generación Y,  cientos de miles de explicaciones se ensayan a diario tendientes a tratar de entender a éstos jóvenes que han llegado, para revolucionar los más diversos conceptos de las relaciones laborales.

Si hay algo que se le suele criticar a la GEN Y, es la falta de COMPROMISO. Lejos de estar de acuerdo con ese diagnóstico, me permito traer a consideración un hecho que al menos intenta acompañar los razonamientos necesarios, para poder incorporar a esta generación, definitivamente a la realidad laboral, aprendiendo de ellos lo que haya que aprender y confluyendo todos, la GEN Y y la GEN X, en una amalgama que ayude a unos y a otros a convertir la realidad laboral, en algo nutritivo y no tóxico como muchas veces se observa.

Como suele suceder en la gran mayoría de los acontecimientos, las causas que los originan suelen ser variadas, y en muchas ocasiones además, éstos son la manifestación actual de hechos, decisiones u omisiones sucedidas en un pasado de mediano a largo plazo.

Si tomamos en consideración que hoy en día, y más allá de los diversos enfoques, podemos denominar como GEN Y a aquellas personas nacidas entre los años 1980 y 1995, observaremos que han pasado su infancia y adolescencia en el período que va desde el año 1991 a 2001. Lejos de cualquier especulación política, cualquier persona que haya estado económicamente activa en la República Argentina, recordará que durante la década antes mencionada las relaciones laborales sufrieron diversos y profundos cambios. Palabras como “retiro voluntario”, “downsizing”, “reestructuración”, “fusión”, “adquisición”, “flexibilización”, etc. eran moneda corrientes y cientos de miles de argentinos llegaban una noche cualquiera a su hogar, y le informaban a su familia que a partir del día de la fecha, su estado había cambiado drásticamente de empleado a “prescindible” o a emprendedor repentino, en el mejor de los casos. Seguramente imagino situaciones de tensión, ansiedad y nervios, cuando no, enojo con su ex empleador por parte de la cabeza de familia, sea ésta hombre o mujer. Dicha situación hubo de marcar, seguramente,  de manera profunda a los entonces niños de la familia, los cuales más allá de la compresión racional de la situación y de las explicaciones que los adultos pudiésemos, ensayar recibían un duro revés a su realidad cotidiana.

Años después esos mismos niños se convirtieron a la fuerza laboral activa y las empresas a las cuales hicieron llegar su CV´s eran aquellas mismas que hace más de una década habían dejado sin trabajo a su padre, madre, tíos, vecinos, etc. Nuevamente, y sin reflexionar al respecto, al menos de manera explícita, al momento de convertirse en empleado y más allá de las promesas recibidas por parte del ocasional empleador, el contrato necesario para lograr el tan ansiado y demandado COMPROMISO estaba roto, no por algo que esté sucediendo en este momento, sino por algo que ya sucedió; una vez más las razones de algo que sucede en el presente hay que buscarlas en el pasado.

En base a lo expuesto, me permito reflexionar que el problema no radica en el COMPROMISO sino más bien en la CONFIANZA. La falta de CONFIANZA en los actuales empleados hacia para con sus eventuales empleadores es la raíz en donde se deberá buscar el germen del problema. Será, entonces, la CONFIANZA el valor clave que se deberá trabajar, desarrollar y fortalecer para lograr el tan ansiado COMPROMISO; será éste el más grande y trascendental desafío que tienen las organizaciones de aquí en adelante, sabiendo que la CONFIANZA se logra fundamentalmente por la coherencia de las acciones sostenidas en el tiempo más allá de las promesas que se puedan ensayar en un momento determinado. Es una tarea desafiante, claro está, pero quien sepa interpretar y decodificar esta realidad podrá atraer y retener a la mejor fuerza laboral del país, y eso, hoy en día es una diferencia abismal que marcará de manera taxativa a las empresas exitosas del mañana.

 

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