Haga de su trabajo…un hobby

Los tiempos han cambiado, la concepción judeocristiana del trabajo en donde el sudor de la frente ha sido el pre-requisito funcional para la valoración del pan obtenido, ha finalizado. La palabra “cumplir” ha desaparecido del diccionario, y la idea de “imponer una orden” ha mostrado su impotencia en toda la magnitud de la palabra, quedando relegada a una referencia de mala práctica del pasado.

Hoy los tiempos exigen lo máximo de nosotros, como personas y como profesionales, ya no alcanza con agradar, hoy hay que deleitar; no basta alcanzar objetivos, hay que superarlos; por otra parte ya sabemos que en la actualidad no hay trabajo que dure cuarenta años, ni seguridad garantizada de vida, por lo cual como dijera al principio, definitivamente… los tiempos han cambiado, por ende una nueva concepción del trabajo se presenta como una necesidad imperiosa para adaptarse a los tiempos que corren.

Ante el hecho fáctico e innegociable que nos presenta la realidad me permito presentarle al lector una posible vía de resolución, la cual, lejos de presentarse como una solución mágica, modestamente pretende, a lo sumo, despertar alguna conciencia adormecida en pos de un presente más feliz y un futuro mucho más promisorio.

Históricamente hemos relacionado el trabajo con la labranza, el esfuerzo, la recompensa y hasta algunos se animan a hacerlo con la tortura y la esclavitud. Lejos de criticar dichos conceptos, considero que los mismos han cumplido su cometido a lo largo de la historia, en función de la situación circundante y como ya hemos dicho, si los tiempos han cambiado dichos conceptos deberían al menos modificarse para representar los tiempos actuales. En lugar de los anteriores propongo revitalizar conceptos como autoconocimiento, ocio creativo, autosatisfacción y libertad, para lo cual he encontrado en la idea del hobby, la más perfecta de las situaciones para extrapolar al ámbito laboral.

Más allá de las definiciones que nos informan que un hobby es un “pasatiempo o entretenimiento que se practica habitualmente en los ratos de ocio”, mi reflexión al respecto opera en el sentido de entender a un hobby como una actividad, que al ser placentera y elegida voluntariamente por la persona, le permite a ésta, entre otras tantas cosas, investigar, informarse, perfeccionarse, superarse, desafiarse a sí mismo, reconectarse, relacionarse positivamente con su entorno a través de la sana discusión e intercambio de experiencias, técnicas y conocimientos, siendo por ende lo que en definitiva, le permite llegar a un nivel de excelencia jamás antes alcanzado.

Ahora bien, ¿Qué importancia tiene este concepto de hacer del trabajo algo similar a un hobby? La repuesta tiene dos caras, si lo vemos desde el lado de la empresa, me pregunto y le pregunto: ¿No son todas situaciones mencionadas en el párrafo anterior las que necesita una corporación para poder progresar en el mundo de los negocios?, ¿No es la mejor manera de lograr una clara estrategia de diferenciación y supervivencia tener a su personal accionando sobre la realidad de manera creativa, resolutiva y mancomunada?, por otra parte si lo analizamos desde la posición del empleado podría preguntar: ¿No es la mejor manera de ir a trabajar todas las mañanas con una refulgurante sonrisa en el rostro?, Disfrutar del trabajo ¿No sería una mejor forma de pasar 8 horas al día, durante aproximadamente 45 años de vida laboral?

Seguramente la respuesta a todas las anteriores preguntas será sí, y por ende me permito pensar que es un concepto que, cuanto menos, merece ser considerado. Ahora quizás en este momento usted estará preguntándose también, ¿Y el dinero? Lejos de mi responder que no es importante, definitivamente el dinero importa y como importa tanto lo que propongo cambiar no es la necesidad del mismo sino la forma de relacionarnos con él; fluir en lugar de tirar, desatar en lugar de intentar reprimir, en definitiva, si nos ocupamos de nosotros como empleados y nos despreocupamos del dinero, el dinero vendrá; entiendo que suena paradojal, pero no soy yo la persona que puede explicar dicha paradoja, solo puedo reconocerla, mencionarla, difundirla e intentar desarrollar formas de adaptarnos positivamente a ella, y ese ha sido el espíritu de este simple artículo, maximizado por las palabras de un asistente a una de mis charlas quien no hace mucho dijo “… por favor! Hacer que el trabajo se parezca a un hobby… Eso es imposible! Es una utopía”.

 ¿Ridículo?, ¿Imposible?, ¿Utópico? Lo mismo han dicho de los grandes descubrimientos de la historia, por lo cual, si eso piensan algunos de estas palabras, pues entonces estamos en el camino correcto! Bienvenidos a la revolución más formidable de todos los tiempos en la vida empresarial! Ha cambiado la concepción del trabajo y eso es algo que merece ser escrito…

358h

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Generación Y… ¿Un problema de COMPROMISO?

Mucho se ha dicho, se dice y se dirá sobre la Generación Y,  cientos de miles de explicaciones se ensayan a diario tendientes a tratar de entender a éstos jóvenes que han llegado, para revolucionar los más diversos conceptos de las relaciones laborales.

Si hay algo que se le suele criticar a la GEN Y, es la falta de COMPROMISO. Lejos de estar de acuerdo con ese diagnóstico, me permito traer a consideración un hecho que al menos intenta acompañar los razonamientos necesarios, para poder incorporar a esta generación, definitivamente a la realidad laboral, aprendiendo de ellos lo que haya que aprender y confluyendo todos, la GEN Y y la GEN X, en una amalgama que ayude a unos y a otros a convertir la realidad laboral, en algo nutritivo y no tóxico como muchas veces se observa.

Como suele suceder en la gran mayoría de los acontecimientos, las causas que los originan suelen ser variadas, y en muchas ocasiones además, éstos son la manifestación actual de hechos, decisiones u omisiones sucedidas en un pasado de mediano a largo plazo.

Si tomamos en consideración que hoy en día, y más allá de los diversos enfoques, podemos denominar como GEN Y a aquellas personas nacidas entre los años 1980 y 1995, observaremos que han pasado su infancia y adolescencia en el período que va desde el año 1991 a 2001. Lejos de cualquier especulación política, cualquier persona que haya estado económicamente activa en la República Argentina, recordará que durante la década antes mencionada las relaciones laborales sufrieron diversos y profundos cambios. Palabras como “retiro voluntario”, “downsizing”, “reestructuración”, “fusión”, “adquisición”, “flexibilización”, etc. eran moneda corrientes y cientos de miles de argentinos llegaban una noche cualquiera a su hogar, y le informaban a su familia que a partir del día de la fecha, su estado había cambiado drásticamente de empleado a “prescindible” o a emprendedor repentino, en el mejor de los casos. Seguramente imagino situaciones de tensión, ansiedad y nervios, cuando no, enojo con su ex empleador por parte de la cabeza de familia, sea ésta hombre o mujer. Dicha situación hubo de marcar, seguramente,  de manera profunda a los entonces niños de la familia, los cuales más allá de la compresión racional de la situación y de las explicaciones que los adultos pudiésemos, ensayar recibían un duro revés a su realidad cotidiana.

Años después esos mismos niños se convirtieron a la fuerza laboral activa y las empresas a las cuales hicieron llegar su CV´s eran aquellas mismas que hace más de una década habían dejado sin trabajo a su padre, madre, tíos, vecinos, etc. Nuevamente, y sin reflexionar al respecto, al menos de manera explícita, al momento de convertirse en empleado y más allá de las promesas recibidas por parte del ocasional empleador, el contrato necesario para lograr el tan ansiado y demandado COMPROMISO estaba roto, no por algo que esté sucediendo en este momento, sino por algo que ya sucedió; una vez más las razones de algo que sucede en el presente hay que buscarlas en el pasado.

En base a lo expuesto, me permito reflexionar que el problema no radica en el COMPROMISO sino más bien en la CONFIANZA. La falta de CONFIANZA en los actuales empleados hacia para con sus eventuales empleadores es la raíz en donde se deberá buscar el germen del problema. Será, entonces, la CONFIANZA el valor clave que se deberá trabajar, desarrollar y fortalecer para lograr el tan ansiado COMPROMISO; será éste el más grande y trascendental desafío que tienen las organizaciones de aquí en adelante, sabiendo que la CONFIANZA se logra fundamentalmente por la coherencia de las acciones sostenidas en el tiempo más allá de las promesas que se puedan ensayar en un momento determinado. Es una tarea desafiante, claro está, pero quien sepa interpretar y decodificar esta realidad podrá atraer y retener a la mejor fuerza laboral del país, y eso, hoy en día es una diferencia abismal que marcará de manera taxativa a las empresas exitosas del mañana.

 

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¿Cómo vender una idea internamente en la empresa?

Muchas personas que trabajan en una organización dicen en algún momento de su vida: “¡tengo una idea genial!”. Pero sólo una ínfima minoría es capaz de vehiculizar su idea, estructurarla como una propuesta dentro de la empresa y disfrutar de la profunda satisfacción que ello supone. La mayoría dice: “Sí pero acá en esta empresa esto no se puede hacer”, “La presenté pero no prendió”, o “Mejor no la presento, a ver si me la roban”.

Confiando en poder echar un poco de luz sobre tan desesperanzadora realidad, reflexionemos sobre una antiquísima máxima que une tanto a los comerciales como a marketineros y que reza: “no hay producto que se venda solo”.

Los primeros dirán que se necesita imperiosamente las artes de un profesional de las ventas. Los segundos, que se requiere un atractivo “packaging” y una frondosa actividad promocional. En efecto, si al momento de presentar nuestra idea no logramos “vender” el proyecto, todo estará acabado antes de comenzar.Entonces, ¿cómo presentar la propuesta de una forma demoledoramente convincente? ¿Cómo lograr que el interlocutor sienta que está frente a una gran oportunidad? ¿Y cómo lograrlo en el menor tiempo posible?

Algunos autores sostienen que es fundamental transmitir el mensaje en la menor cantidad de palabras posibles. Para esto, hasta se han generado creativas dinámicas de entrenamiento como la de contar un proyecto en el trayecto que dura un viaje en ascensor entre la planta baja y el décimo piso. En mi opinión, para presentar un proyecto de manera “demoledoramente convincente” no se necesita casi ninguna palabra. Lo que se necesitan son números que reflejen cabalmente CUANTO dinero ganará la persona que escucha la propuesta.

Para lograr una comunicación de la idea tan definitoria hay algunos puntos a tener en cuenta a la hora de preparar el “PowerPoint de presentación”:

  • Resumen ejecutivo: Presentar la idea en un máximo de 5 frases cortas, eligiendo cuidadosamente cada palabra.
  • Descripción del producto o servicio y su valor distintivo: Aquí se trata de contar qué tiene “de diferente” la propuesta.
  • Mercado potencial y competidores: ¿Quiénes son los clientes a los que apuntamos con la idea? ¿Quiénes son los competidores que intentarán copiarnos?
  • Modelo de negocio y plan financiero: Números, números y más números. Un número vale por mil palabras.
  • Equipo, organización y recursos necesarios: En las organizaciones, menos es más. Si pedimos mucho, el riesgo será alto. Y serán menores las probabilidades de que nuestro proyecto sea aprobado.
  • Estado de desarrollo y plan de implementación: Es preferible decir que los plazos serán algo más largos que los reales. Así no tendremos que sentir la presión de los inversionistas esperando ganar el dinero prometido en el primer chart de nuestro PPT.
  • Principales riesgos y estrategias de salida: Para que alguien quiera entrar, tendremos que mostrarle la salida.

En definitiva, como en todo plan de negocios, el objetivo es captar el interés de posibles inversores. Cientos de ideas brillantes fracasan por ser presentadas de manera poco convincente.

Dicen que una persona necesita 10 segundos para formase una impresión sobre la otra, y toda una vida para cambiarla. Aprovechemos al máximo esos 10 segundos. Pueden cambiarnos la vida.

 

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