Influencer Marketing – La nueva forma de vender –

Hoy en día tener una página web o una activa presencia en redes sociales ¡No garantiza ventas en absoluto! Quizás vos mismo al leer estas líneas estés asintiendo con la cabeza.

El problema no radica en las redes, ni en la potencia de tus avisos, ni en la gran mayoría de las cuestiones que se dirimen por ahí a la hora de asesorar a grandes o pequeñas empresas en como capitalizar la explosión de las redes sociales para tu negocio o empresa. El punto a analizar en la actualidad es (y recordá que vivimos tiempos extremadamente líquidos por lo cual dentro de poco este concepto puede cambiar), que

NO es el CANAL lo que importa, sino que el contenido de punto a punto es el que informa e influye en las decisiones de compra.

Dicho de una manera más simple, si hay algo que nos están enseñando los Millennials y la Generación Z, es que en general las personas, más allá de la generación a la que pertenezcan, somos más propensos a elegir un producto o servicio, basados en lo que comparten nuestros compañeros, colegas o referentes en línea, (en este caso las redes sociales) por sobre los anuncios, publicidades y/o promociones.

Al igual que siempre (porque sí hay cosas que no cambian), lo que importa más, es la verosimilitud del emisor, o, dicho de otra manera, creerle a quien me vende “sin vender” por encima de la “promesa de satisfacción” que me pueda comunicar una empresa o eventualmente un vendedor.

Como resultado, los Millennials y Gen z están dejando una marca indeleble en la forma de comercialización de productos y servicios y han transformado lo que significa ser exitoso en términos de comunicación comercial.

Las personas influyentes en las redes sociales son contadores de historias para la era digital.

Los “influencers” (término que muchos todavía confunden con “youtubers”, “instagramers”, etc.)  actúan más como embajadores de la marca en estos días. Por lo tanto, cuando trabajas con ellos, no es solo tu producto o servicio, sino tu empresa en conjunto lo que se promoverá a través de imágenes impresionantes o del contenido que ellos generen.

Los INFLUENCERS tienen el talento para crear contenido adecuado a los códigos comunicacionales de sus seguidores, los cuales eventualmente podrán convertirse en parte de la cartera de tus clientes, como siempre, nada matemático ni automático, todo dependerá de cómo te asesores y encares este tema. Al crear contenido atractivo para sus seguidores, ellos buscan, y muchas veces lo logran, promocionar su imagen de marca, y por añadidura la tuya. Recordá que ellos serán honestos acerca de su experiencia con tu producto o servicio, sin embargo, también confía en que tu producto pueda resistir la prueba.

Para desarrollar esta estrategia comenzá a establecer relaciones con personas “populares” en el espacio social en donde se encuentre tu público objetivo o potenciales clientes y asegurate de que sus valores y los de tu marca estén alineados para obtener el máximo beneficio. Esto dará como resultado un gran contenido y una relación mutuamente beneficiosa en la que se promociona tu marca, empresa, producto o servicio y los INFLUENCERS reciben los recursos para crear contenido aún más atractivo para su audiencia.

Los que no presten atención a este tema, seguirán contratando gente para generar “likes” en redes sociales, gastando pero no invirtiendo su dinero.

Eduardo Ösz

@eduosz

Influencer marketing

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Generación Y… ¿Un problema de COMPROMISO?

Mucho se ha dicho, se dice y se dirá sobre la Generación Y,  cientos de miles de explicaciones se ensayan a diario tendientes a tratar de entender a éstos jóvenes que han llegado, para revolucionar los más diversos conceptos de las relaciones laborales.

Si hay algo que se le suele criticar a la GEN Y, es la falta de COMPROMISO. Lejos de estar de acuerdo con ese diagnóstico, me permito traer a consideración un hecho que al menos intenta acompañar los razonamientos necesarios, para poder incorporar a esta generación, definitivamente a la realidad laboral, aprendiendo de ellos lo que haya que aprender y confluyendo todos, la GEN Y y la GEN X, en una amalgama que ayude a unos y a otros a convertir la realidad laboral, en algo nutritivo y no tóxico como muchas veces se observa.

Como suele suceder en la gran mayoría de los acontecimientos, las causas que los originan suelen ser variadas, y en muchas ocasiones además, éstos son la manifestación actual de hechos, decisiones u omisiones sucedidas en un pasado de mediano a largo plazo.

Si tomamos en consideración que hoy en día, y más allá de los diversos enfoques, podemos denominar como GEN Y a aquellas personas nacidas entre los años 1980 y 1995, observaremos que han pasado su infancia y adolescencia en el período que va desde el año 1991 a 2001. Lejos de cualquier especulación política, cualquier persona que haya estado económicamente activa en la República Argentina, recordará que durante la década antes mencionada las relaciones laborales sufrieron diversos y profundos cambios. Palabras como “retiro voluntario”, “downsizing”, “reestructuración”, “fusión”, “adquisición”, “flexibilización”, etc. eran moneda corrientes y cientos de miles de argentinos llegaban una noche cualquiera a su hogar, y le informaban a su familia que a partir del día de la fecha, su estado había cambiado drásticamente de empleado a “prescindible” o a emprendedor repentino, en el mejor de los casos. Seguramente imagino situaciones de tensión, ansiedad y nervios, cuando no, enojo con su ex empleador por parte de la cabeza de familia, sea ésta hombre o mujer. Dicha situación hubo de marcar, seguramente,  de manera profunda a los entonces niños de la familia, los cuales más allá de la compresión racional de la situación y de las explicaciones que los adultos pudiésemos, ensayar recibían un duro revés a su realidad cotidiana.

Años después esos mismos niños se convirtieron a la fuerza laboral activa y las empresas a las cuales hicieron llegar su CV´s eran aquellas mismas que hace más de una década habían dejado sin trabajo a su padre, madre, tíos, vecinos, etc. Nuevamente, y sin reflexionar al respecto, al menos de manera explícita, al momento de convertirse en empleado y más allá de las promesas recibidas por parte del ocasional empleador, el contrato necesario para lograr el tan ansiado y demandado COMPROMISO estaba roto, no por algo que esté sucediendo en este momento, sino por algo que ya sucedió; una vez más las razones de algo que sucede en el presente hay que buscarlas en el pasado.

En base a lo expuesto, me permito reflexionar que el problema no radica en el COMPROMISO sino más bien en la CONFIANZA. La falta de CONFIANZA en los actuales empleados hacia para con sus eventuales empleadores es la raíz en donde se deberá buscar el germen del problema. Será, entonces, la CONFIANZA el valor clave que se deberá trabajar, desarrollar y fortalecer para lograr el tan ansiado COMPROMISO; será éste el más grande y trascendental desafío que tienen las organizaciones de aquí en adelante, sabiendo que la CONFIANZA se logra fundamentalmente por la coherencia de las acciones sostenidas en el tiempo más allá de las promesas que se puedan ensayar en un momento determinado. Es una tarea desafiante, claro está, pero quien sepa interpretar y decodificar esta realidad podrá atraer y retener a la mejor fuerza laboral del país, y eso, hoy en día es una diferencia abismal que marcará de manera taxativa a las empresas exitosas del mañana.

 

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Los 3 elementos claves de un Emprendedor Corporativo

El mundo de la innovación y de la generación de ideas dentro de una organización presenta un abanico de situaciones y posibilidades que pue­den llegar a generar cierta confusión a la hora de intentar delimitar claramente los alcances del concepto.

Habida cuenta de que el “emprendedor corporativo” podría ser considerado como un concepto que refleja una estrategia de aplicación concreta de un proceso de innovación, y entendiendo a esta última como una idea lo suficientemente abarcadora y generalista como para ser aquí presentada, de todo lo expuesto ante­riormente se desprende rápidamente que un emprendedor corporativo deberá contar, necesariamente, con al menos 3 elementos claves:

  1. VISIÓN
  2. PLANIFICACIÓN
  3. EJECUCIÓN

La triada antes mencionada posee dentro suyo un fino equilibrio que la vuelve todavía más interesante de lo que puede aparecer a simple vista.

Los tres elementos deberán presentarse en forma aditiva uno con otro, no pudiendo prescindirse de ninguno de ellos. Claro está, que las personas podemos o no contar naturalmente con cualquiera de los tres, y en caso de tenerlo, además, podremos tener distintos grados de cada uno, en todo caso es responsabilidad individual de una verdadero emprendedor corporativo el hecho de mu­nirse de las herramientas necesarias para contar con una clara visión, una sólida formación en procesos de planificación y una férrea actitud a la hora de ejecutar el plan.

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